Sucede, como cada cierto tiempo que no determina el día o la noche, que llega otra vez el aire de espinas sigiloso y decidido a oscuras por aquel flanco que esta vez supe guardar de la lluvia en el momento injusto pero certero del alma. El aire es de espinas de nueva cuenta o es un fragmento de vidrio pardo, un salto con redes de mármol blanco, la senda que crece en línea recta para ser nieve, para ser tibio amor de río ahogado en la hierba. Regreso otra vez a los dedos sordos, a mi prudencia muda, a mi propio juego de ser yo mismo para perder de nuevo esta vez los lentes, el corazón o la mancha en el suelo que alguna vez fue lodo en tu zapato. Porque así lo pediste con el pesar del honrado hago honor a mi nombre que es el nombre de algún dios, en la voz de mis padres que es la verdad de las piedras bajo mis ojos. Entonces me quedo así: sin un espejo ni mano que mueva el filo de aquella mesa, de aquella noche mundana donde encontrarte o poder vert...