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Paraíso

Seguí la rueca de Frigg hasta la brillante colina la de pasto suave la de hierba incendio di con el río de la sanjuanera iridiscente campo de verdad desnuda de calor justo que lava la tierra de las horas de ochenta soles atrapados en los arbustos. Desembocaba el río en una ciénaga la más brillante garganta de mar donde duermen las estrellas todo sobre una colina. Y dentro de la colina, el muérdago y bajo el muérdago dulce, el manantial del río y en el río, las estrellas y desde las estrellas, mi muerte sepultado al fin tan vivo bajo la Tierra.

Corazón de nacar

Limpiándome la vida de las manos me alejé de a poco y sentí el terror lleno lejano de la noche falsa. Me descubro más roto al caer mis manos exhaustas al alimentar el hueco entre las nubes al secar mis dedos más brillantes se vuelven mis ojos más diamante oscuro. Se vuelve mi estrella se vuelve hacia el Sol y soy hielo soy mar soy arena.

Visaje

Hay momentos muchos momentos en que quisiera dejarte feliz en paz sin nubes de tormenta. Para dejarte ser y dejarte navegar cada ola cada marea tan tuya cada pregunta sin respuesta. ¿Qué eres? ¿Qué soy sin ti? ¿Qué vale esta soledad adusta? Se cierra esta nube frágil como el viento. Veo tus brazos más allá del día y te adoro otra vez y otra vez con la invencible sonrisa del tiempo.

Rueda falsa

Imaginé otra vez que soñabas reclusa de una noche que nadie conoce sin buscar ya nada ni temblar con las hojas del día. Soñaste a tu vez un árbol de perfume vivo en la carroza del Sol y el sueño se quebró en mil abejas.

Desconocida

Debo decirte cuánto descanso cada que te veo un respiro de agotamiento sumergido en la mar (mujer es como todas las noches) Relajo mis ojos del odioso trajín del mundo con sus personas tan horrendas de hambre horrenda cocinando rabia en la alcantarilla relamiendo esas ratas que tienen por bocas ríspida su lengua roncos sus oídos arrancando el fresquísimo perfume de sus costras. Pero es tanta seda tu descanso oasis de nubes suspiro terso bajo luz blanca el trago fresco de agua serpentina que escancias en mi boca cuando te veo.

El velo

Al fin me voy con el último beso del día cuando nace la tercera estrella en la hora gris. Por fortuna soy libre que significa solitario en el lugar de dónde vengo no hay propósito ni tiempo ni despedidas. Libre nunca fue quietud en el lugar de dónde vengo libre es tormenta en la nube blanca relámpago bajo la Luna libre es la muerte de cada Sol hasta la nueva mañana. Soy libre y nunca he dejado de irme con los ojos vueltos hacia arriba y el último beso del aire en el azul profundo de la noche.

Sin vista a la calle

Ya te recuerdo redundante como sol de la mañana o estrella de la noche. No había vuelto ni te había mirado con detenimiento desde la calle oscura pero ahora lo hice: te observé lo más profundamente posible por un segundo y medio no más entonces vinieron los vasos de lluvia secos de tanto baile y sueño que los cubría con laurel y esmeralda sábana fresca era muy suave lozana como hierba recién nacida en la juventud del mundo.

Nébula

Vi una sonrisa muy grande y debajo una más blanca y detrás, allá lejos, una más profunda y mucho más terrible. Feliz al fin y al cabo sonrisa pero sonrisa de lanza forjada antes de mis ojos. Vi también una mañana que no tuvo oportunidad de crecer y se volvió un ayer perpetuo donde solamente caben los demonios hijos de Océano y los mercaderes de recuerdos. Vi pude ver el muro detrás del tiempo y mi ventana cerrarse con dientes de acero para ver más allá del muro una sola nube blanca deshilarse en las estrellas.

Desde la noche del cazador

Desde la noche del cazador el fuego se levanta vivo y muy alto como un árbol negro. Levanta su mano hacia el norte y asoma sus hombros muy altos hasta pintarse de azul buscando detrás del aire y bajo las sombras dentro de las piedras al más pequeño del Olimpo.

La noche dorada

¿Qué tanto me duele el tiempo? Pregunta más tonta porque eres el tiempo yo soy el tiempo el árbol seco de la tempestad el año muerto el sorbo helado la puerta y me muero me muero hoy y me muero siempre.

Perlas de otoño

Ay del corazón de mis mares envuelto en otoño que discurre entre fantasmas de cal y roca fundida A cada perla que cedo en ese otoño traidor asesino del aire y su vanguardia se desvela la luz del tirano que los mortales llaman amor verdadero vil inquisidor elocuente como el Sol de la mañana limpia cruel como el alma negra de la luz bajo la puerta.

El mago

No hay quien me conmueva como el héroe que menciona mi nombre como tú que me llamas genio sin razón de mis soles como las alas blancas nido de la garza luz de sirena noble como tú, héroe, que reconoces mi vida con tu canto con tu cuerno de plata y su eco en las montañas que se esconden las muy efímeras en tu garganta.

El séptimo mes de la semana

En este mes de tantos domingos que no fueron tres o cuatro ni sólo cinco. Yo al menos conté trece y me asustaría si el trece no fuera bueno en este mes justo en este mes de número siete en que el agua me vuela el pelo en que el aire me moja la cara y me pule el cuerpo como de roca es ahora que aunque crezco no me alcanza la vida para contradecirme tantas veces ni encender la lámpara oculta en mi refugio de luna llena.

Farsante

Ya no tengo poesía para contar los días que se han ido dejándome a la vera del camino. O quizás nunca la tuve y sólo se reían de mí los cuentos inconclusos bajo el racimo ocre de la noche. Pregunto a todas las alas del aire si llegó finalmente la hora sin respuesta quedo mudo y pregunto de nuevo. Es quizás que cada vuelo es destino y no a pedazos pero sí por partes se dislocan las horas.

Farola

No puedo llamarme solitario en primaveras así con tanto ruido en la calle y tan corta la vípsera de los candiles colgando de madera podrida como dientes amarillos en la cara de la noche. Imposible cosa estar solo con esas luciérnagas terribles de luz muerta devorando el cielo cuando vuela el halcón.

Manantial

Existe todas las mañanas un lago de marea invertida que descansa con la Luna y crece entre los riscos del valle. En el bosque escondido entre las piedras se duerme sueña en los albores del día cuando lo mecen las olas de los cuatro rincones del mundo. Las colinas lo miran miran su sed y lo llueven con sus ojos lavan el espejo frío que sube durante el día. Cada rocío es el lago que crece hacia el mar del aire que respira el invierno que serena que calla.

Timonel de la última barca

              I No sabía que lloviera a la vera del Estigia Pensaba yo que nacía de los lamentos del hombre no de mí que a su paso abrevo y lo mezco muy suave en mi sonrisa. Que soy, de su cauce, tributario y ningún otro arrollo le besa la cara con tanto amor como el doble eco de mí mismo.              II No sabía que llorara el Estigia una cascada dulce y brillante que cae al cielo, que vuela en círculos sobre el aire lejos de la sombra del hombre. Que siempre insiste como hacen los necios en crecer al río con los ojos falsos del abismo.

La muerte blanca

Le dicen mortaja al vestido blanco y lo es más por casualidad que por genuina oscuridad bajo la tela y es terrible como llamar estorbo a las nubes en la frente roja del Sol. Su corona de gala. Es ingrato como llamar nupcias a la tinta del papel oculto bajo cualquier nombre. Mejor llamar lo que es por su nombre: velo divino aurora gris perjuros.

Respiro

Antes de dormir respiro hondo, muy hondo. Hábito necesario para el sueño de los solitarios. Al respirar se hace espuma la vida y todo desaparece en olores carmín con viento de esmeralda torrentes de corteza parda noches de azul naufragio. Al respirar todo se vuelve un torbellino se gasta un soplo de vida y se convierte en visiones de la noche para exhalar el veneno que toma forma en nuestros ojos como el último sueño de los solitarios.

Lodo

Revolcarse en el lodo, dicen, es cosa de cerdos Difiero Ni siquiera lo lamento y difiero con toda fuerza Revolcarse en el lodo es cosa de amores Del mar y la tierra jugando a ser barro Olla Plato Hogar del aire y nube del fuego Dos elementos felizmente vueltos lodo Hechos uno Para reir y acariciar las manos que quedan más frescas. Tierra fragante y lozana Agua fuerte Agua nocturna Que nadie sienta que la tierra no debe acariciar el mar O que el estanque no debe descansar sobre la roca Son ambos el poder verdadero Titanes invencibles que se conocen cada noche para nunca olvidarse.